El Número 9
En la mitología nórdica el número nueve (en proto-nórdico: ᚾᛁᚢ, niu), aparece asociado a lo cósmico, lo completo y lo cíclico. Algunos de los ejemplos más importantes de esta simbología son los siguientes:
Los nueve mundos.
La cosmología describe nueve mundos interconectados por el fresno Yggdrasil, cada uno habitado por una raza de seres diferente. El nueve en este caso sugiere totalidad estructural del cosmo.
- Asgard, el hogar de los dioses Æsir.
- Midgard, la morada de los hombres.
- Vanaheim, habitado por los dioses Vanir.
- Jotunheim, el reino de los gigantes de hielo.
- Alfheim, hogar de los elfos de la luz.
- Svartalfheim, habitado por los elfos negros, como también se conoce a los enanos.
- Niflheim, el reino de la oscuridad y la niebla, donde reina Níðhöggr.
- Muspelheim, habitado por Surtur y los gigantes de fuego.
- Hel, la última morada de los muertos por enfermedad o vejez.
Odín y las nueve noches colgado de Yggdrasil.
El dios Odín permaneció colgado del árbol cósmico Yggdrasil durante nueve noches para obtener el conocimiento de las runas. En este caso, el nueve representa un ciclo de transformación y renacimiento.
Las nueve madres de Heimdall.
El poema Hyndluljóð describe cómo Heimdall nació de nueve madres, identificadas con las hijas de Ægir y Rán. Esto podría simbolizar tanto su origen a partir de las fuerzas primordiales del mar a través de un nacimiento ritual o iniciático como la unión de múltiples potencias en un solo ser.
Los nueve pasos de Thor.
En el Ragnarök, Thor da nueve pasos tras matar a Jörmungandr antes de caer muerto por el veneno vomitado por la serpiente. Aquí de nuevo el número nueve marca el cierre de un ciclo cósmico.
El cortejo de Gerd.
En el poema Skírnismál, Freyr tiene que esperar nueve noches antes de casarse con Gerd, simbolizando la germinación de las semillas en la tierra, reflejando el ciclo de la agricultura y las raíces etimológicas de los nombres de Freyr (cuyo nombre en sueco y danés antiguos era Frø̄, que en la versión moderna de dichos lenguajes significa "semilla") y Gerd ("jardín" o "cercado").
El anillo mágico.
La capacidad del anillo mágico Draupnir de crear ocho copias de sí mismo cada nueve noches simboliza la gestación y proceso de desarrollo del alma. Esta misma idea a menudo se alinea con los nueve meses de gestación humana, comúnmente entendida como nueve ciclos lunares en las sociedades nórdicas.
El viaje de Hermod al inframundo.
Otro ejemplo es el viaje de Hermod relatado en el poema Gylfaginning, cuando tarda nueve noches en descender a Hel para intentar rescatar a Balder. En este caso el número nueve representa el viaje shamánico de transformación (una tradición presente no solo en la mitología nórdica sino en muchas otras de occidente).
Njörd y Skadi.
De forma similar, el arreglo matrimonial entre Njörd y Skadi incluía que la pareja pasaría nueve noches en Thrymheim y otras nueve noches en Noatun, alternando entre la montaña y el mar, tal como lo describe el poema Gylfaginning, dando a entender la existencia de ciclos naturales y divinos de integración y separación.
Las valkyrias de la Völundarkviða.
En la saga que nos narra el ciclo de Völund, el herrero, vemos como tres valkyrias son despojadas de sus trajes de cisne y obligadas a casarse, permaneciendo con sus esposos por un lapso de nueve años, tras los cuales logran recuperar la libertad. Vuelve entonces el número nueve a representar el ciclo de transformación (pasando de la cautividad a la liberación).
Las gigantas y el molino.
Esa misma idea de transformar la esclavitud en libertad tras un período de 9 ciclos aparece en el poema Gróttasöngr, donde las gigantas Menja and Fenja, prisioneras del rey Frodi por nueve años, logran su venganza y su liberación al cambiar el hechizo del molino en el que están condenadas a trabajar.
La transición a la adultez.
En la sociedad vikinga llegar a la edad de nueve años tomaba una importancia trascendental. De acuerdo a fuentes como la Vatnsdæla saga y la Heimskringla, cumplir nueve años de edad era un hito significativo en la vida de un niño, ya que le conferia el derecho de tomar decisiones independientemente.
El rey On y sus hijos.
La Ynglinga saga cuenta la historia del rey On de Suecia, quien al cumplir 60 años de edad comenzó a sacrificar a sus propios hijos con el objetivo de prolongar su vida. Después de sacrificar nueve de ellos, habiendo alcanzado la edad de 150 años, sus súbditos le impidieron sacrificar al décimo, lo que finalmente le provocó la muerte. Esta narración ilustra el motivo recurrente del número nueve percibido como mágico y sagrado en la mitología nórdica.
Los sacrificios del blót.
Aún más descriptivo de la importancia del número nueve para la sociedad vikinga es que los blóts del templo de Uppsala se realizaran cada nueve años, a lo largo de nueve días, en los que eran sacrificados nueve machos de toda especie animal, incluidos los humanos, tal como atestiguan Adam de Bremen y Thietmar de Merseburg.
Los ejemplos no terminan aquí, sino que pueden seguir encontrándose en otros textos escáldicos, como el Helgakviða Hjörvarðssonar II y el Fjölsvinnsmál, entre otros.
Prueba irrefutable de la importancia del número nueve radica en que su uso y simbología sobrevivieran a la cristianización de los pueblos escandinavos, tal como se atestigua en su aplicación en códigos jurídicos como las leyes de Grágás en Islandia o las leyes de Gulating en Noruega.
Asimismo, la simbología del número nueve sobrevivió en costumbres y tradiciones de los países escandinavos hasta bien entrado el siglo XIX. Por ejemplo, en Suecia existía la creencia en que, para curar el golpe producido por una piedra u otro tipo de proyectil, debía recogerse nueve ramas delgadas de un arbusto de sauce y formar con ellas un aro. A la mañana siguiente, antes del amanecer, se debía golpear gentilmente el área afectada con este aro para obtener alivio y acelerar la curación.
Interpretación simbólica.
Algunos estudiosos sugieren que sobre el número nueve recae una interpretación simbolica porque representa 3 × 3, una multiplicación de un número ya sagrado. Recordemos que eran tres los dioses principales (Odín, Thor y Freyr), cada uno dedicado a un aspecto crucial en la vida de los vikingos: Odín representando el poder político y jurídico; Thor el poder militar; y Freyr la fertilidad de la tierra que sustenta al ser humano.
De igual forma, las nornir, regidoras del destino de todas las criaturas, eran originalmente tres aunque su número aumentó a nueve en su descripción de la Edda Prosaica, escrita por Snorri Sturlusson.
Así, el nueve funciona como número de plenitud mítica, más que matemática. Por ejemplo, en el caso de Heimdall, nacer de nueve madres no sería un dato biológico, sino una forma de decir que es un ser total, liminal y cósmico, producto de todas las fuerzas del mar (las nueve hijas de Ægir) y del orden universal (Odín).
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