El Cortejo de Gerd y de cómo el dios Freyr perdió su espada
Un día, Freyr se sentó en el trono de Odín, Hliðskjálf, desde el cual es posible observar cualquier punto del universo. Freyr dirigió su mirada en todas direcciones y cuando vio hacia el norte, hacia los confines de Jotunheim, una doncella acababa de abrir la puerta del castillo en que habitaba. Era divinamente alta y la más bella que el dios hubiera visto; sus brazos relucían como la plata. Era Gerd, la hija del gigante Gymir, y Freyr quedó consumido por el deseo. Pero sólo Odín y Frigg podían sentarse en Hliðskjálf, así que la fugaz visión de la giganta no podía repetirse. Enfermo de amor, pasó muchos días suspirando y cada vez estaba más apagado y deprimido, tal como sucede con los enamorados que no pueden estar con el objeto de su afecto. Skadi, su madrastra, le preguntó la causa de su creciente desánimo y Freyr le confesó todo. Al saber la verdad, los dioses acordaron ayudar a Freyr y le pidieron a su sirviente Skírnir que fuera a casa del gigante Gymir, padre de ...