La Festividad de Yule entre los pueblos nórdicos


Yule o Yuletide (en nórdico antiguo jól y en inglés antiguo ġēol, que puede traducirse como "banquete") es un festival de invierno que con la cristianización de los pueblos escandinavos a partir del siglo XII d.C. se convirtió en una tradición navideña.

Yule en la antigüedad 

En tiempos antiguos la celebración daba inicio con el blót de invierno o miðvetr, que luego se prolongaba a lo largo de varios días. La importancia de esta festividad queda evidenciada por el hecho que uno de los nombres de Odín es precisamente Jólnir ("hombre de Yule"). 

Durante este evento, además del sacrificio de víctimas, se llevaban a cabo festines y juramentos solemnes (heitstrengingar). Una tradición importante era también jurar por el sonargǫltr, un jabalí sobre el cual se hacían votos colocando la mano sobre su lomo antes de ser sacrificado y consumido en un festín. 

El poema Helgakviða Hjörvarðssonar, recopilado en el Codex Regius (circa 1270), explica este ritual: "Esa tarde se hicieron los grandes votos; trajeron el jabalí sagrado, los hombres pusieron sus manos sobre él e hicieron sus votos en el brindis del rey".

Primeras atestaciones 

Una de las primeras referencias a Yule se encuentra en el tratado De Temporum Ratione, escrito por el monje Bede en el año 725 d.C., donde explica que los anglosajones dan el nombre de Giuli a dos meses del año: diciembre y enero. También explica que el primer día del año era para estos pueblos el 25 de diciembre, al que llamaban Modranecht o "noche de las madres", refiriéndose más probablemente a las diosas o dísir

Otra fuente, el Codex Ambrosianus, escrito entre los siglos VI y XI de nuestra era, menciona el mes fruma jiuleis ("antes de Yule"). 

Una de las más importantes referencias se encuentra en la Heimskringla, escrita alrededor del año 1260, donde se relata cómo Hákon el Bueno se vio forzado a participar en las festividades de Yule en las ciudades de Mære y Lade, incluyendo comer carne de los caballos sacrificados durante el blót, como parte de sus responsabilidades como rey.

Crónicas como la Króka-Refs saga y la Hálfdanar saga Eysteinssonar relatan que durante las festividades de Yule se llevaban a cabo competiciones deportivas de glíma (una especie de lucha libre), knattleikr (un juego de pelota cuyas reglas se perdieron en el tiempo) y concursos de fuerza como halar la cuerda. Una danza tradicional de Yule consistía en dos hombres vestidos con máscaras y pieles de animales golpeando sus escudos con palos, dirigiendo así a grupos de hombres distribuidos en dos círculos concéntricos a su alrededor.

La visita de los espíritus 

Una creencia muy difundida en esos tiempos era que los espíritus visitaban el reino de los vivos durante Yule. La Eyrbyggja saga, datada entre los siglos XIII y XIV d.C., cuenta cómo una granja en la localidad de Breiðafjörður, Islandia, fue invadida por los fantasmas de aquellos que habían muerto tanto en tierra como en el mar. 

Esta creencia sobrevive hasta nuestros días en la celebración del Julebukking en algunas comunidades rurales de los Estados Unidos (principalmente en Minnesota, Iowa y Wisconsin) que poseen poblaciones de ascendencia escandinava. Entre Navidad y Año Nuevo, las personas (Julebukkers o "cabreros de Yule") se disfrazan para visitar a sus vecinos, quienes tienen que adivinar la identidad de quien está debajo del disfraz. Una vez identificados, reciben comida, bebidas y golosinas de parte del anfitrión. En algunas versiones, al menos una persona que habita la casa que se acaba de visitar debe unirse el grupo de Julebukkers para continuar visitando otras casas.

Julebukkers en Decorah, Iowa, donde se ubica el Vesterheim, el Museo Nacional Noruego-Americano.Atule

Yule después de la cristianización de Escandinavia 

A medida que Escandinavia se cristianizaba, gracias a los esfuerzos del rey Ólaf Tryggvason, responsable de esparcir el cristianismo por Noruega, Islandia, las islas Shetland, Orkney y Faroe a finales del siglo X, las tradiciones de Yule se fueron adaptando a la nueva creencia. En lugar de erradicarlas por completo, Ólaf las reemplazó con festividades cristianas, si bien prohibió la celebración de blóts heitstrengingar

De esta manera, Yule pasó a ser una festividad asociada a la Navidad, forma que conserva hasta la actualidad. 

Yule en la actualidad 

Hoy en día Yule ha tomado una forma festiva de celebrar la Navidad, en especial en Islandia. El folklore islandés relativo a Yule tiene como figuras centrales a Grýla y su familia. 

Grýla, de acuerdo al folklore islandés.

Grýla y los Yule Lads 

Grýla es una tröll grande y obesa con un apetito voraz por devorar niños que no se comportan bien con sus padres, a quienes cocina en una enorme olla. Vive en los campos de lava de Dimmuborgir, Islandia, en una cueva junto a su esposo Leppalúði, quien no hace más que disfrutar de la comida que Grýla le prepara. Leppalúði es el tercer esposo de Grýla, quien anteriormente a su matrimonio ya había dado a luz a numerosos trölls. 

La pareja tiene 13 hijos, los Yule Lads, a quienes hemos dedicado un blogpost aparte. Se trata de un grupo de traviesos personajes que visitan los pueblos en tiempos de Navidad para gastar bromas y robar comida, pero también para dejar regalos a los niños, si se han comportado correctamente a lo largo del año. La familia tiene un gato negro de enormes dimensiones, el Jólakötturinn, que recorre los campos nevados en Navidad para devorar a las personas que no han recibido ropas nuevas como regalo.

Las primeras menciones acerca de la existencia de Grýla se encuentran en la Íslendinga saga y la Sverris saga, donde se la describe como una mendiga que le pide a los padres que le entreguen sus hijos desobedientes. Sin embargo, se le puede disuadir regalándole comida o simplemente ahuyentándola. 

Grýla también es mencionada en el poema Skáldskaparmál, una sección de la Edda Prosaica escrita por Snorri Sturluson en el siglo XIII, aunque solo como parte de una lista de nombres de trölls. 

Era tanto el temor que los niños islandeses le tenían a esta criatura que en 1746 el gobierno de Cristián VI de Dinamarca tuvo que emitir un decreto prohibiendo a los padres aterrorizar a los niños tanto con Grýla como con los Yule Lads.

Tradiciones de Yule en la Islandia actual

Otras tradiciones de Yule que existen en la actualidad incluyen:

El tronco de Yule

Especialmente seleccionado para ser quemado en la chimenea de la casa en la noche de Navidad, con el objetivo de atraer tiempos cálidos. 

En la antigüedad se cortaba un árbol completo para que continuara encendido a lo largo de 12 días. Con el tiempo, esta tradición fue modificándose hasta dar origen al Bûche de Noël, un postre similar al brazo gitano español.

La cabra de Yule (Julebukk)

Un adorno navideño hecho de paja con la forma de dicho animal que se coloca junto al pesebre.

Decoración con elementos naturales 

Las casas se decoran con abeto, acebo y muérdago para simbolizar la vida eterna y la fertilidad durante el frío invierno.

El jabalí de Yule

En algunos lugares aún se llevan a cabo festines comunitarios donde se sirven platillos preparados con carne de cerdo o jabalí, una reminiscencia del rito de sonargǫltr. Esta celebración también incluye cantos y danzas.

El Julenissen

Un duende que trae regalos el 24 de diciembre, al que muchos consideran como precursor de Santa Claus y que a su vez tiene como origen la creencia en la Oskoreia ("cacería salvaje") dirigida por Odín en persona, surcando los cielos acompañado por fantasmas. Los niños noruegos dejan un tazón de avena con azúcar, canela y mantequilla para el Julenissen en la víspera de Navidad como agradecimiento.

Representación moderna del Julenissen

Conclusión 

No se puede negar que la festividad de Yule tiene sus raíces ancladas en lo más profundo del folklore nórdico. El paso del tiempo y los cambios culturales en los pueblos del norte de Europa no pudieron borrar por completo su influencia y la nueva religión no tuvo más remedio que adaptarla bajo la forma de nuevas costumbres. 

Hoy, esta tradición sobrevive no solo en Escandinavia, sino que ha logrado cruzar un océano para continuar trayendo felicidad y un sentido de pertenencia que pocas costumbres han logrado alcanzar en la historia de la humanidad. 


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