El Útburður
En tiempos antiguos, cuando una madre no podía asegurar el sustento de un recién nacido, no era extraño que tomara la fatídica decisión de abandonarlo a la intemperie. A menudo era mejor dejarlos morir a una edad temprana que condenarlos a una vida de hambre y sufrimiento. Estas desdichadas víctimas de la pobreza con frecuencia regresaban del más allá bajo la forma de un útburður (plural: útburðir). También podían ser víctimas de esta práctica los bebés nacidos fuera del matrimonio y aquellos producto del incesto.
Su nombre se deriva de los vocablos del nórdico antiguo út ("fuera") y burður ("nacimiento"). Un útburður tiene el aspecto de un ave, en especial de un cuervo, pero con cabeza semejante a un cráneo humano. El color de su plumaje es idéntico al de las mantas en que fueron abandonados. Al ver un útburður, se le debe seguir sin dudarlo, ya que inevitablemente volará al lado de su madre, descubriendo así su identidad.
Se dice que los útburðir graznan muy fuerte cuando se acerca el mal clima y que no suelen hablar con los humanos, aunque son capaces de hacerlo. Solo se ha registrado una ocasión en que un útburður, al visitar a su madre, emitió los siguientes versos:
"Mi madre en el rebaño de ovejas,
No te preocupes, no llores,
Te prestaré mi trapo rojo sangre
para que lo uses, para que lo uses."
A menudo las madres que son visitadas por útburðir terminan volviéndose locas, atormentadas por los llamados de sus hijos muertos.
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