Los Útburðir, espíritus de niños abandonados en el folklore islandés

En tiempos antiguos, cuando una madre no podía asegurar el sustento de un recién nacido, no era extraño que tomara la fatídica decisión de abandonarlo a la intemperie. A menudo era mejor dejarlos morir a una edad temprana que condenarlos a una vida de hambre y sufrimiento.

Estas desdichadas víctimas de la pobreza con frecuencia regresaban del más allá bajo la forma de un útburður (plural: útburðir). También podían ser víctimas de esta práctica los bebés nacidos fuera del matrimonio y aquellos producto del incesto. Con la llegada del cristianismo a Escandinavia, se empezó a creer que cualquier bebé que muriera sin haber sido bautizado se convertiría en un útburður.

Su nombre se deriva de los vocablos del nórdico antiguo út ("fuera") y burður ("nacimiento").

Un útburður tiene el aspecto de un ave, en especial de un cuervo, pero con cabeza semejante a un cráneo humano. El color de su plumaje es idéntico al de las mantas en que fueron abandonados. Al ver un útburður, se le debe seguir sin dudarlo, ya que inevitablemente volará al lado de su madre, descubriendo así su identidad. 

Se dice que los útburðir graznan muy fuerte cuando se acerca el mal clima y que no suelen hablar con los humanos, aunque son capaces de hacerlo. Solo se ha registrado una ocasión en que un útburður haya hablado con su madre.

Cuenta un relato que hace tiempo una joven granjera quedó embarazada, pero su amante la abandonó al enterarse. Al dar a luz, la joven dejó a su hijo para que muriera en el campo envuelto en una tela de color rojo. 

El niño se convirtió en un útburður, pero ella continuó con su vida. Poco después se anunció en el pueblo que se llevaría a cabo un vikivaki (una celebración con canciones y bailes). 

La joven estaba ansiosa por asistir, pero no tenía nada que ponerse. Una mañana, mientras estaba ordeñando las ovejas junto a una amiga, se quejó por la falta de un vestido adecuado para asistir a la fiesta, cuando una extraña ave se les acercó, profiriendo los siguientes versos:

         "Querida madre, en el corral, corral,

         no te preocupes porque, porque

         te prestaré mi trapo rojo sangre

         para que bailes con él

         y bailes con  él."

Al escuchar estas palabras, la joven comprendió que se trataba de su hijo, a quien ella habia dejado morir, y enloqueció por la culpa. 

De hecho, se decía que era frecuente que las madres visitadas por útburðir terminaran volviéndose locas, atormentadas por el llamado de sus hijos muertos.


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