Humanoides Marinos
En el folklore nórdico se reconocen tres razas de seres humanoides que habitan los océanos. Todos ellos son descritos como híbridos de humano y pez, presentando caracteristicas de ambas naturalezas.
Los marmennill.
Su nombre significa literalmente "hombrecillo de mar" y tambien se le conoce con los nombres de marmandill, margmelli o marbendill. En todas las historias son siempre de sexo masculino. La primera mención de su existencia se encuentra en el Landnámabók ("Libro de los Asentamientos de Islandia"), escrito en el siglo XII d.C., donde es descrito como una criatura marina con habilidades proféticas y poseedora de conocimientos ocultos.
El relato contenido en el Landnámabók es el siguiente:
"Había un hombre llamado Grim, hijo de Ingjald, hijo de Hroald, de Haddingdale; era hermano de Asi, un jefe local. Fue a Islandia en busca de asentamiento y navegó por el norte; pasó un invierno en Grimsey, en Steingrimsfirth; su esposa se llamaba Bergdis y su hijo Thorir. Grim salió a pescar en otoño con sus criados y el muchacho. Thorir yacía en la proa del bote, dentro de una bolsa de foca cerrada por el cuello. Grim atrapó un marmennill y, al acercarse, le preguntó: '¿Qué pronosticas que será nuestra fortuna o dónde nos estableceremos en Islandia?'. El marmennill respondió: 'No hace falta que te diga la fortuna a ti ni a tus hombres, sino la del muchacho que yace en la bolsa de foca; allí se establecerá y tomará tierra donde Skalm, tu yegua, yazca bajo su carga'. Y no obtuvieron más palabras de él. Más tarde, durante el invierno, Grim y sus hombres zarparon nuevamente, pero el muchacho se quedó en tierra; entonces, toda la tripulación se perdió".
Otra interesante narracion acerca de un marmennill y sus dotes proféticas aparece en los Íslenzkar þjóðsögur og æfintýri ("Cuentos de Hadas Islandeses") de Jón Árnason, titulada Þá hló marbendill ("Y el Marbendill rió"). Cuenta la historia de un granjero que atrapó un marmennill al salir de pesca y decidió llevárselo a casa. De camino a casa, el granjero fue recibido alegremente por su perro, pero el hombre en cambio le respondió con un puntapié. Entonces el marmennill se rió de él. Un poco desconcertado, el hombre prosiguió su camino y al poco rato tropezó con una mata de hierba, a la que maldijo sonoramente. El marmennill volvió a reírse de él. Cuando finalmente llegó a su hogar, su esposa lo recibió con un beso, pero el marmennill se rió de nuevo. Sin poder ya más con la curiosidad, el granjero le preguntó cuál era la razón de su risa, pero el pequeño hombre de mar solo accedió a darle una respuesta si aceptaba liberarlo. El hombre accedió y el marmennill le respondió que se había reído de él porque habia golpeado a su perro, que era la unica criatura que en verdad lo amaba; había maldecido a la mata de hierba, cuando en realidad debajo de ella se escondía un tesoro que lo haría rico; y que había besado a su esposa, quien secretamente lo engañaba con otro hombre. Ya que la única de las tres afirmaciones del marmennill que podía confirmar por sí mismo era la relativa a la mata de hierba, el granjero tomó su pala y escarbó en la tierra debajo de ella, desenterrando un fabuloso tesoro. Entonces comprendió que la criatura había dicho la verdad en las tres ocasiones. Después de liberarlo en el mar, el hombre repudió a su esposa y pasó el resto de sus días disfrutando del tesoro y de la compañía de su perro, a quien nunca más volvió a maltratar .
Los hafmaður.
Son descritos como criaturas de una fealdad impresionante, con barrigas que arrastran por el suelo a medida que se desplazan. Se dice que poseen largas patas traseras en ángulo y patas delanteras muy cortas, como manos con garras. La piel se asemeja a la de una larva, ya que es casi transparente. Su cara es lo peor: ojos redondos y fijos, sin párpados, y la boca exhibe largos dientes, afilados como sables.
Se dice que cuando un marinero avista uno en el mar es señal de que pronto se avecina una tormenta o la muerte. A veces se acercan a pequeñas ensenadas o playas solitarias para escapar del mal tiempo. En su Íslenzkar þjóðsögur og sagnir ("Cuentos Populares y Aventuras Islandesas") de 1862, Sigfús Sigfússon nos ofrece la siguiente descripción:
"A veces huyen de las fuertes olas hacia ensenadas tranquilas o playas de arena, preferiblemente en lugares de difícil acceso, lejos de las viviendas humanas. Allí descansan hasta que consideran que es seguro regresar al mar. De hecho, prefieren estar en tierra firme que en el mar o en agua dulce, aunque se dice que suele ser su curiosidad, insistencia y ferocidad lo que los impulsa a desembarcar. En tierra, suelen descansar contra una roca de la playa o apoyarse contra un pilar o acantilado, apoyándose en el codo y con la pata apoyada en la mejilla. Los hafmaður más feroces a menudo intentan empujar a los hombres al mar. Muchos han tenido que luchar contra ellos con porras. También se dice que algunos son caníbales. […] De nada sirve dispararles con un arma, salvo que se usen botones de plata, ya que se sacuden las balas y los proyectiles como si fueran polvo. Los hafmaður suelen desembarcar durante la noche. Evitan las multitudes, los grandes barcos, los ruidos agudos y el estrépito prolongado. […] De vez en cuando, por diversión, entraban en las casas de la gente durante la noche y robaban algún objeto con el que se divertían".
Las margýgr.
Al igual que su contraparte helénica, las margýgr atraen a los marineros hacia costas escarpadas donde los adormecen antes de ahogarlos o los enloquecen con sus gritos. También suelen aprovechar las tormentas para acercarse a los barcos, desde donde arrastran a los hombres por la borda para llevarlos consigo hacia las profundidades del océano.
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