Snær, la personificación de la nieve en la mitología nórdica

 

Snær es la personificación de la nieve en la mitología nórdica. También conocido como Sniō, es un gigante descendiente de Ymir, el primer jötun. Es más bien una figura tardía, cuya aparición no ocurrió sino hasta el siglo XII d.C.

Origen del nombre Snær.

Snær significa literalmente "nieve" en nórdico antiguo, dejando clara su naturaleza y carácter como figura mitológica. 

Primeras atestaciones. 

Snær es mencionado por primera vez en la Orkneyinga saga (Saga de los Señores de Orkney), escrita en el siglo XII, donde se le llama Snærr hinn gamli ("Snær, el viejo"). También aparece en la Hversu Noregr byggdist ('De cómo Noruega fue habitada"), escrita en 1387.

Finalmente, su nombre aparece en la Chronicon Lethrense, escrita hacia finales del siglo XII, en donde Snær es un rey danés de origen legendario. 


La familia de Snær.

Snær es hijo del gigante Frosti ("escarcha") o de Jökul ("glaciar"), según la fuente que se consulte. En ambos casos su abuelo es el gigante Kári ("viento"). 

El hijo de Snær es Þorri ("nieve congelada") y sus hijas son Fön o Fǫnn ("ventisca"), Drífa ("nevada") y Mjöl ("nieve pulverizada").

Snær en la tradición islandesa.

La Orkneyinga saga cuenta que el rey sueco Vanlandi Sveigðisson viajó a Finlandia donde pasó el invierno en casa de Snaer. Durante ese tiempo contrajo nupcias con Drífa, la hija del gigante. Al finalizar el invierno, Vanlandi regresó a Uppsala, prometiendo volver al cabo de tres años, pero nunca lo hizo. Drífa hizo llamar a la hechicera Huld y le pidió que maldijera a Vanlandi si no regresaba a su lado. Los hombres de Vanlandi le convencieron de permanecer en Suecia y entonces Huld envió una mare (una especie de espíritu maligno que atormenta a los durmientes) para matarlo sentándose sobre su cuerpo hasta asfixiarlo. 

Snær en la tradición danesa. 

La Chronicon Lethrense describe a Snær como un rey danés legendario del siglo VI. Tras la muerte del rey Halga, el trono de Dinamarca quedó vacío. En lugar de permitir que Hrólf, el hijo de Halga, heredara la corona, el rey Hākun de Suecia envió un pequeño perro llamado Raka para que gobernara sobre los daneses. Hākun decretó que cualquiera que le anunciara la muerte de aquel perro perdería la vida.

Un día, se suscitó una pelea entre varios perros y Raka, siguiendo su instinto, se unió a la trifulca. Lastimosamente, resultó despedazado por los otros perros. Surgió entonces el dilema de quién informaría al rey Hākun de aquella desgracia. 

Snær buscó el consejo de su tío abuelo, el gigante Ægir, quien le dijo lo que debía hacer. Snær se presentó ante la corte de Hākun, quien le preguntó sobre la situación en Dinamarca. Snær respondió: 

"Las abejas vagan sin un líder".

Hākun le preguntó entonces donde había pasado la noche y Snær dijo:

"Donde la oveja se comió al lobo".

El rey insistió queriendo saber dónde había dormido la noche anterior y Snær contestó:

"Donde los lobos se comieron un carro, mientras las vacas huían al bosque".

Por tercera vez Hākun quiso saber dónde había dormido y Snær respondió:

"Donde el ratón mordisqueó el hacha, pero dejó su mango intacto".

Por último, el rey volvió a preguntar por la situación en Dinamarca y Snaer volvió a decir:

"Las abejas vagan sin un líder".

Hākun preguntó entonces:

"¿Raka ha muerto?"

Y Snær contestó: "Tú lo has dicho".

Sorprendido por su astucia, Hākun nombró a Snær rey de Dinamarca. 

Pero Snær fue un rey terrible; instituyó leyes injustas, maltrataba a sus súbditos, haciendo sufrir tanto a nobles como a plebeyos. Todos buscaban la forma de deshacerse de él, en especial uno de sus sirvientes llamado Røth ("rojo"). Snær estaba consciente de que Røth lo odiaba, así que urdió un plan para matarlo. Le envió a visitar a Ægir para preguntarle cómo moriría el rey, esperando que Røth no lograra superar las pruebas que su tío abuelo le pondría.

El gigante se negaba a dar una respuesta sobre la muerte del rey, hasta que Roth le revelara tres verdades. Entonces Røth, sentado en una montaña, dijo que jamás había visto muros más gruesos que los de aquella casa. En segundo lugar, afirmó que nunca había visto una casa con tantas cabezas y tan pocos habitantes. Y, por último, añadió una tercera verdad: si se alejaba de aquel lugar, jamás desearía regresar.

Ægir se dio por satisfecho con aquellas respuestas y le dio un par de guantes para que se los entregara a Snær como respuesta a la pregunta de cómo moriría. Al recibirlos, Snær se puso los guantes sin dudarlo, pero de ellos salió una multitud de piojos qué lo devoró vivo. 

Hrólf, hijo de Halga, heredó el trono, tal como debió ocurrir desde un principio. 


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