La Construcción de las Murallas de Asgard


La historia de la construcción de las murallas de Asgard encierra no solo una traición, sino también un desenlace bizarro a la vez que auspicioso.

El Trato con el Gigante Disfrazado 

Tras la guerra con los Vanir, las murallas de Asgard se encontraban destruidas, quedando vulnerables al ataque de los gigantes. Para reconstruirlas, los Æsir contrataron los servicios de un misterioso personaje que no era otra cosa que un gigante disfrazado, cuyo nombre hasta la fecha nos es desconocido. 

El gigante prometió reparar las murallas en un plazo de ocho estaciones sin ayuda de ningún otro hombre a cambio del Sol, la Luna y la mano de la diosa Freyja. Los dioses se enfurecieron ante tal propuesta, pero Loki negoció con el gigante, acordando que si era capaz de terminar el trabajo en el plazo de tres estaciones recibiría el pago que exigía. 

Los dioses aceptaron las condiciones influidos por Loki, quien había indicado que era imposible finalizar la tarea en tan poco tiempo.

El Maravilloso Caballo Svaldifari

Ahora bien, el arquitecto poseía un caballo prodigioso, capaz de transportar en un instante masas increíbles de roca, llamado Svaldifari. Tanto y tan bien actuó que, pocos días antes del plazo fijado, el palacio se aproximaba a su perfección.

Al llegar el verano, los dioses, que habían establecido el pacto porque creían que el gigante no era capaz de cumplirlo, sintieron miedo, e increparon a Loki para que hiciera algo para evitar que completara su tarea. 

Loki se convierte en una yegua

Temeroso de la furia de los dioses, Loki se transformó en una yegua y se puso en el camino de Svaldifari. Éste abandonó su trabajo para perseguirla y el gigante fue incapaz de terminar el trabajo como había prometido. Furioso por su derrota, el gigante se despojó de su disfraz y quiso lanzarse contra los dioses, pero Thor lo derribó y acabó con su existencia.

Sleipnir, el caballo de ocho patas

Pero ¿qué sucedió con Loki y el maravilloso caballo? Loki no consiguió escapar a los avances amorosos de Svaldifari y resultó "embarazado", dando a luz posteriormente a Sleipnir ("el resbaladizo"), un fabuloso caballo gris de ocho patas, que presentó luego como regalo a Odín. Desde entonces, el poderoso dios del viento, cabalga en las noches de tormenta a lomo de este corcel, concebido de manera "milagrosa".

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