Dragones
En el poema épico Nibelungenlied, escrito alrededor del año 1200 de nuestra era, un dragón de nombre desconocido (que posteriormente recibió el nombre de Fáfnir en el poema Fáfnismál, escrito en el 1270 d.C.) es identificado como un lintrache (lin-drake, es decir, lindworm), lo que podría traducirse como "dragón con apariencia de gusano". Es bien conocido que Fáfnir era el guardián del tesoro de Andvari, por lo que coincide con la descripción de los lindworm como criaturas sedientas de oro.
De igual forma, el dragón en Beowulf es despertado de su guarida cuando una copa fue robada de su tesoro. Este robo causó que la criatura desatara su furia sobre los pueblos cercanos y que se enfrentara al héroe en una épica batalla en la que ambos resultarían muertos.
La Gesta Danorum, escrita por Saxo Gramaticus en el siglo XII d.C., cuenta la leyenda del héroe Friðleifr, quien es abandonado en una isla desierta habitada por un dragón. Un sueño le advierte que, para matar al monstruo, debe cubrir su cuerpo y su escudo con pieles de toro para evitar su veneno.Ya que las escamas del dragón son demasiado duras para penetrarlas, Friðleifr se esconde en una zanja y atraviesa a la criatura en el vientre. Luego de asesinar a un dragón, se hace con el tesoro que resguardaba. Este mismo texto contiene la historia de Frode Haddingsson, quien logra matar a un dragón en similares circunstancias.
Otra creencia de los pueblos nórdicos y germánicos consistía en pensar que el tesoro de un dragón se iba incrementando a medida que la bestia crecía, no porque el producto de su pillaje aumentara a medida que era capaz de robar mayores tesoros, sino por medios completamente mágicos. El antiguo poema inglés Maxims II agrega información acerca de esta creencia al describir como el héroe Beowulf fue enterrado junto al dragón que le dio muerte:
"La espada estará sobre el pecho,
el hierro regio. El dragón estará en el montículo,
venerable, orgulloso de su tesoro. El pez en el agua
se propagará a su especie. El rey en el salón
repartirá brazaletes".
Esta misma idea es explotrada en la Ragnars saga loðbrókar donde la doncella Thóra recibe como regalo de su padre una serpiente. Ella coloca el animal sobre una pila de oro y ambos empiezan a crecer en tamaño hasta que la serpiente se convierte en un dragón tan grande que alcanza a morderse su propia cola. Posteriormente, es Ragnar Lodbrok el encargado de matar al dragón, con lo que gana no solo la mano de Thóra, sino también el tesoro.
Esta misma idea está presente en el cuento folklórico islandés del gusano de Lagarfljót, encontrado por primera vez en el Skálholts Annáll, escrito en 1430 d.C. Cuenta que una niña recibió de su madre un anillo de oro y se le dijo que la mejor manera de incrementar su riqueza era colocarlo debajo de una babosa negra. Ella siguió el consejo y puso ambos dentro de un cofre forrado de lino. Pocos días después, la criatura había crecido tanto que ya no cabía en el cofre. Asustada, arrojó el oro y el gusano al lago de Lagarfljót, donde el monstruo siguió creciendo al igual que lo hizo el tesoro. El dragón empezó entonces a aterrorizar a los pueblos aledaños, asesinando campesinos y ganado. Dos finlandeses fueron comisionados para matar a la bestia y recuperar el tesoro, pero solo consiguieron sujetar su cabeza y su cola al fondo del lago. Hasta el día de hoy se dice que el gusano de Lagarfljót suele aparecer en contadas ocasiones, siendo su último avistamiento un video difundido en febrero de 2012 por la cadena de televisión nacional islandesa Ríkisútvarpið, donde la criatura aparece nadando en aguas cubiertas de nieve y hielo.
Wyvern.
Es descrito como un dragón de tan solo dos patas, un par de alas y una cola terminada en punta o aguijón. Su nombre proviene del anglo-francés wivre, que a su vez parece derivarse del latín vīpera, es decir, "víbora". En realidad, no existen evidencias orales o escritas de estas criaturas en el folklore nórdico o germánico, ya que su aparición en las tradiciones de los pueblos del norte de Europa fue más bien tardía y posterior a la Era Vikinga.
Drake.
El drake es un dragón de cuatro patas carente de alas y con un aspecto que difícilmente puede describirse como serpentino. Estas criaturas aparecen en las tradiciones de muchas culturas, tales como Egipto, Mesopotamia, Irán, China, Corea, Japón, Vietnam, India, Bután, Grecia y la Roma antigua.
Dragón.
"Entonces Bjorn agarró la cola del dragón con una mano
y con la otra le cortó las alas,
que se rompieron, y el dragón cayó muerto".
Ante esta descripción, lo más probable es que el dragón Níðhöggr pertenezca a esta categoría, ya que la Völuspá describe como este monstruo vuela hacia su nuevo destino en Náströnd después del Ragnarök, para alimentarse de la sangre de los condenados:
"Vio un salón,
alejado del sol,
en la costa de los cadáveres.
Su puerta daba al norte.
Gotas de veneno caían
por la abertura del techo.
Ese salón está tejido
con lomos de serpiente.
Vio allí vadear
arroyos onerosos,
hombres perjuros,
asesinos como lobos,
y al que seduce
a la esposa de otro, la más leal.
Allí, Níðhöggr succionaba
los cadáveres,
el lobo desgarraba a los hombres".
Asimismo, el poema Grímnismál nos provee una breve lista de la descendencia de Níðhöggr que, al igual que él, roen incesantemente las raíces del Yggdrasil. Estos son: Grábakr ("espalda gris"), Grafvölluðr ("viajero de la tumba"), Ófnir ("incitador") y Sváfnir ("adormecedor"), Grafvitnir ("lobo de la tumba") y sus hijos Góinn y Móinn (imposibles de traducir).
Hay más serpientes bajo el fresno
de las que un simio imprudente imaginaría;
Góinn y Móinn, los hijos de Grafvitnir,
Grábakr y Grafvölluðr,
Ófnir y Sváfnir. Siempre, creo,
roerán las ramas del árbol.





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